sábado, 7 de febrero de 2015

Vida.

Te despiertas y te levantas de la cama. Es tu primer día sola en el apartamento que compraste y el vacío del silencio te relaja.
Caminas hasta la cocina y notas que no hay comida ni nada que beber, decides salir a comprar. "Son las ocho de la mañana" te dices. ",seguro debe haber algún lugar abierto...".

Cierras detrás de ti la puerta al salir y bajas las escaleras desde el segundo piso. Saludas a la encargada del edificio y sales del lugar. Intentando recordar el mapa que había en tu mente de la ciudad, buscas el mercado. Caminas tres cuadras y al llegar tomas una canasta.
Luego de recoger todo lo que necesitabas -café, sobres de jugo, agua mineral y algo que almorzar-, pagas la compra y vuelves a tu depto.

Ya estás dentro, acomodando las cosas en las pequeñas alacenas de la cocina. Son las 08:20 a.m y comienzas a prepararte un café.
Sales al balcón con la taza en mano y te sientas en la barandilla. Observas el paisaje urbano: autos en abundancia recorriendo las calles y uno que otro andando en bicicleta. Le das un sorbo a tu café y acomodas tu cabello detrás de tu oreja.

10:37 a.m., ya estás colocándote unas calzas y una remera ajustada para salir a correr.
Lavas rápido tu taza en la cocina y coges tu pequeño celular cargado de música.

11:00 a.m. Llevas corriendo 5', escuchando una de tus canciones favoritas, mientras cruzas el parque de la ciudad. A la una del mediodía iniciabas en tu primer día de trabajo, nada interesante.

11:58 a.m. Estás a una cuadra de tu edificio cuando un chico de unos veinte años te empuja y caes directo a la calle. Un auto se aproxima pero al parecer una chica atenta lo nota y se acerca corriendo a ti para ayudar a levantarte y hacerte correr del camino. "Hum... Gracias" dices a la desconocida sin caer muy bien en lo que había pasado. "No hay de qué." responde y te extiende la mano, presentándose y diciendo que vive en el mismo edificio que tú.
Le dices que tienes que prepararte para ir a trabajar, pero que te visite para charlar cuando quiera.
Tu nueva y, por ahora, única amiga asiente y te saluda con la mano, sonriente, antes de dar media vuelta e irse.
Sacudes tu ropa y miras la hora...

12:30 p.m. Ya estás en tu departamento dándote una rápida ducha para luego salir y vestirte. Almuerzas en un santiamén y tomas tu bolso para salir por tercera vez en ese día.
Te diriges a la estación y tomas el tren, que te lleva a tres estaciones de distancia, donde a dos cuadras debes trabajar.

05:00 p.m. Sales de tu trabajo y vuelves a repetir la rutina de tomar el tren y caminar un par de cuadras.
Entras en tu apartamento y pones la pava al fuego para ir a tu habitación y cambiarte.
Oyes la puerta y sacas la pava del fuego antes de observar por la mirilla de quién se trataba: Era la chica que habías conocido esa mañana en la calle.
Abres con una sonrisa medio-fingida por el cansancio y la saludas con un beso, invitándole una taza de café. Ella acepta y en unos minutos ambas charlaban sentadas en el sofá.

05:43 p.m. Ella te comienza a contar de su vida y tú le hablas de la tuya. Te cuenta que trabaja de profesora en una escuela de la zona y que tiene un hijo pequeño, de 7 años.
Le cuentas que quieres seguir soltera por el momento y que te acabas de mudar.
Así siguen hablando de gustos y disgustos, hasta que ya se hace algo tarde y ella se disculpa por tener que irse. "Lo siento, debo irme..." dice mirando su reloj de pulsera "Otro día nos vemos, fue un placer!". Se levanta y la acompañas a la puerta, la saludas de igual manera que cuando entró y cierras la puerta tras su salida.
Enjuagas las tazas que habían usado.

09:09 p.m. No tienes mucha hambre, por lo que sólo te dedicas a comer unas galletas que tenías en tu alacena.
Luego de estar satisfecha con unas pocas, y así como estás vestida, te tiras en tu cama y prendes la televisión. No le das mucho uso ya que te quedas dormida al instante, pero...

11:36 p.m. Se escucha un golpe en el balcón. Asustada te sobresaltas y abres los ojos, tomando un cuchillo de la cocina -tal vez te sirva- y abriendo la puerta para salir. Por el ruido no parecía nada muy amenazante, eso lo sabías, y era lo único que te ayudó a salir.
Miras hacia todos lados en busca de una persona pero lo único que ves es un pequeño gato lamiéndose las patas delanteras.
Estaba completamente limpio y en buen estado, todo lo contrario a lo que pensarías de un animal callejero.
Al verte, sacó la lengua apenas y se acercó a ti, pidiendo que lo alces. Lo tomas en brazos sin vacilar y vuelves a entrar con tu nueva mascota, cerrando la puerta con llave detrás de ti.

12:02 a.m. Luego de haber llenado un pequeño plato con leche y habérselo dejado al felino te volviste a recostar en tu cama, tapándote hasta la cintura y cerrando los ojos, quedándote dormida en segundos....

El Precipicio

Debía sujetase, sabía que tenía que hacerlo. Su vida dependía de ello. Bueno, la de cualquiera dependería de un único palo para aferrarse cuando se cuelga de un precipicio.
Estaba ahí por tropezar. Qué estupidez, ¿No?
Se sujetaba sólo de un palo aferrado, por suerte, firmemente a la piedra.
Su objetivo, obviamente, era volver a subir, pero necesitaba todas sus fuerzas.
Ambas manos, con guantes de escalada, aferradas al tronco fino de madera. Sus pies colgaban al vacío y mirar abajo no la atemorizaba: le daba más valor. Reuió todas sus fuerzas y tiró de ella misma hacia arriba. Logró enganchar su pierna izquierda en el tronco, pero comenzaba a patinarse nuevamente. Hizo más fuerza con su mano derecha, que se posaba sobre la otra, y logró que la pierna antes mencionada quede mejor sujeta a la rama. Con otro impulso sus caderas se acercaron al borde del acantilado.
La rama estaba a escasos centímetros de donde empezaba el suelo. Por lo tanto, era prácticamente lo mismo tocar éste que el árbol.
Tenía toda la seguridad de que no se caería, el pedazo de madera era muy fuerte, aunque aparentaba ser débil.
Tomó la energía que guardaba dentro suyo y tomó un último empujón, dejando reposar su cuerpo en la seca tierra.
No estaba cansada, en absoluto. Miró su celular: 27 segundos.
Sí, a Sky le gustaban los desafíos. Hacía eso todos los días.
Caminaba sin rumbo por bosques, desiertos y praderas. Comiendo sus reservas de comida y tomando desafíos por donde sea que viajase.
Una chica pobre? Por supuesto que no; su familia era rica, pero ella prefería pasar sus días siendo aventurera... Así que ahí estaba, viviendo su sueño, acabando de haber evitado caer de un acantilado de 300 metros.
¿Lo mejor? Había saltado por voluntad propia, y había salido en 27 segundos.
¿Lo arriesgado? La existencia de la rama, la confirmó luego de haber saltado.
¿Lo divertido? Haber hecho lo que le gustaba y siempre había querido hacer.
Y por último... ¿Lo difícil?
Uno diría "decidirse a hacer tremenda cosa", pero no.
Lo difícil fue ella misma tener que escribir este texto, en tercera persona, dejando ver sus sentimientos y su placer al correr peligro vital. El haber vivido eso, y el querer vivirlo muchas veces más...

Deryck Mckinnon

Ese día me desperté a las 6:00 A.M, como todos los días hábiles en los que asistía a ese infierno llamado escuela. Hoy era Miércoles, lo que significaba tener que aguantar a la profesora de matemática mientras me explicaba por enésima vez cómo sacar un maldito porcentaje.
Me llamo Deryck, supongo que soy un chico normal. Un simple chico que tiene 14 años.
El día estaba perfecto para salir, pero el último timbre en el colegio sonaba apenas a las 15:00 hs, lo que significaba que no tenía mucha tarde libre. Me vestí con unos jeans y una camiseta de color negro, lo que casi siempre acostumbraba usar. Acomodé mi cabello de modo que no pareciera, al menos, un nido dónde podría vivir una familia entera de pájaros. Tomé mi mochila y salí de mi casa, avisando a mi madre que volvería más tarde.
Bueno, hablando de mí otra vez, soy gay, homosexual, o como quieran llamarlo, pero se entiende el punto.
Cuando llegué a la escuela eran las ocho en punto de la mañana. ¡RING!, era el timbre de cambio. Tenía matemáticas, así que me encaminé hasta la sala dónde estaba esperándome la señorita Dodds, mi pesadilla con un título.
-¡McKinnon!- Me llamó y di un respingo -Llega tarde, otra vez!
-Lo siento, profe- Dije mirándola -. No volverá a suceder.
-Es la cuarta vez que lo dice, ahora siéntese y preste atención a la clase, hoy vamos a ver cómo hacer cálculos... -A los pocos segundos perdí el interés en el tema, por lo que no supe a qué cálculos se refería cuando tomé mi cuaderno y comencé a dibujar garabatos.
Al principio fue una flor, pero luego se convirtió en... Una especie de... Algo raro que no sabría nombrar, pero que seguía dibujando sin razón aparente. Levanté la vista y miré a mis compañeros. Los de adelante, a mis lados, eran los más interesados en la señorita Dodds, de espaldas en la pizarra. Los de la segunda fila, estaban escribiendo, o lanzando papelitos a las chicas populares, las cuales largaban suspiros de aburrimiento y escribían un "NO" en el papel, para luego devolverlos. Los que estaban atrás de todo, eran los más escandalosos. Algunos hacían aviones de papel, otros dibujaban, pero Thomas era el único que escuchaba música, sumido en un sueño profundo.
Luego de una hora de llenar la hoja de dibujos extraños volvió a sonar el ensordecedor timbre agudo de todos los días, y todos como ratas se levantaron apresuradamente, tomaron sus cosas y salieron corriendo. Yo, por mi parte, salí lo más tranquilo del aula, maldiciendo en mi mente a mi profesora. Cuando salí al pasillo, oí un pequeño grito de la señorita Dodds y volví al aula para ver qué sucedía. Lo que ví me dejó estupefacto: Tenía agua en la cabeza y vidrios por todos lados. Un jarrón había aparecido de la nada y caido en su cabeza. Antes había examinado todo el aula, y ni rastro de un jarrón o algo por el estilo... La ayudé con los vidrios y me fui sin más, pensando en qué era lo que había sucedido. Cuando llegué a la cafetería, y me senté en una mesa, se acercó a mí Thomas, el chico raro pero matón de la escuela.
-Ay, miren quién está ahí, el chico marica!!!- Rió con sus compañeros de maldad y volcó su jugo sobre la cabeza.
-¿Qué demonios te pasa, Thomas?- Exclamé furioso.
-Awww, vete con tu noviesito y llórale a él, marica!- Dijo y se fue caminando. Detestaba a Thomas, lo detestaba. Pareciera que ese chico no tenía nada mejor que hacer que meterse con la vida de los demás... ¡Pum! se escuchó un ruido cerca mío. Miré por entre las personas apelotonadas ahí y noté que el mismo chico que había venido a molestarme, estaba tumbado de culo en el suelo, habiendo patinado con una cáscara de banana, que alguien tiró por ahí. Todos rieron y yo me uní, pero en cuanto una carcajada salió de mi garganta, un chico derramó su bebida sobre el humillado. Fruncí el ceño y me volví a concentrar en mi comida. Las cosas pasaban de la nada, y al parecer hoy el unirverso estaba a mi favor. Miré lo que tenía que comer, puré de papas de quién sabe cuándo y deseé que fuera algo más apetitoso.Cuando tomé mi tenedor y cogí un poco, se convirtió en un trozo de carne en mi boca. Volví a bajar la mirada a mi plato y fue lo más raro que pudo pasarme en la vida: Allí había un filete. Esto era demasiado, no podían pasarme tantas cosas así en un día, algo estaba pasando. Miré hacia los lados, pensando en quién había puesto eso en mi plato, algo probablemente envenenado. Señalé a Julian, ese chico no me quería demasiado, siempre buscaba problemas conmigo. Estaba por gritarle que dejara de hacerme bromas, cuando un destello en su cuerpo apareció, haciendo que su ropa sea rosa, y que todos se rían. Bajé mi mano confundido y volví a señalarlo, su ropa al instante se tornó anaranjada.
-¿Qué?- Exclamé y miré al techo. Tal vez si... ¡Paf! Cuando lo señalé, éste se hizo rojo. -Wow- Fue lo único que dije. Era como si pudiera controlar las cosas...
Corrí al baño y me encerré en un gabinete. Cerré la mano y pensé en un lápiz, lo primero que se me ocurrió. La abrí de golpe y sí, efectivamente el lápiz apareció ahí. O sea que no era normal como yo creía, eso era... ¿Magia?
Había visto películas como Harry Potter o cosas así, en la que los chicos tenían magia o controlaban a sus amigos, pero... ¿Existía?
-Genial- Dije al instante. No me parecía raro en lo más mínimo, era como si hubiera sido así toda mi vida.

Ellos...

No puedo. Simplemente no puedo dejar de pensar que él no es el indicado para ella. Que sé que no importa la edad, porque no tengo nada en contra de eso.
No tengo nada en contra de ninguno de los dos...Sin embargo no están hechos para estar juntos.
Él no la merece. Y ella le está impidiendo a él ser alguien mejor.
Ella se está limitando con él, no creo que lo suyo sobrepase una simple amistad. Deben ser amigos.
"Romance" no es la palabra para definirlos, simplemente... no.
Eso es una amistad, una amistad que creen que va a convertirse en algo más.
No conozco bien al chico, no sé qué pasa en una de sus conversaciones en privado, pero hasta lo que vi me parece que ellos no son compatibles.
En resumen, ellos no pueden ser novios. No hay... Nada ahí.
No los siento tan unidos, no los siento enamorados.
Ella lo ama, pero sinceramente creo que tiene la mente nublada.
Él dice amarla pero tampoco creo que lo haga de una forma romántica.
Se quieren, pero no podrían ser novios.
No quiero que nadie cambie de opinión si le digo esto, no quiero que se separen si estar juntos los hace feliz, sólo es un presentimiento. Algo que no quiero que pase.
Quiero que ella esté feliz, porque realmente la quiero y porque es una de las personas que más quiero.
Sólo quiero decir que... Si algún día pasa algo voy a estar para ella. Que de todos modos sería un gran alivio que no pase. Que me encantaría que sea feliz con él, quiero estar equivocada. No quiero que ella se decepcione y no quiero que él la decepcione. Quiero lo mejor para ambos, y siento que lo que pienso no es una equivocación. Siento que ellos dos sólo se están limitando al estar juntos. Ella podría estar con alguien por quien sienta algo más fuerte, él tiene que buscarse a alguien que realmente ame.
No quiero arruinar nada, sólo quiero que estén bien.

domingo, 19 de enero de 2014

La distancia no importa

Yo sé que te irás, 
Yo sé que te extrañaré, 
Pero además de todo sé, 
Que nunca te olvidaré. 

Esto no es un adiós, 
nos volveremos a ver, 
ni hoy, ni mañana, 
pero pronto juntas, nos reuniré. 

Te voy a estrañar amiga mia, 
aunque vivamos muy cerquita, 
espera mi llamado en un año, 
para que podamos, chismotearnos. 

Fetejaré junto a ti, 
todos mis cumpleaños, 
y no dudes en llamarme, 
si en algo, nos necesitamos. 

Te despediré lentamente, 
te daré un fuerte abrazo, 
porque entre nosotras, 
la amistad, no se ha terminado. 


Esto se lo dedico a una MUY amiga mía, que a pesar de que en clases no la vea, prometo mantener el contacto e ir a visitarla. 


martes, 27 de agosto de 2013

La calle

La calle dibuja oscuros corazones,
llenos de tristezas que la transitaron.
La calle es un mundo,
que todo lo atrapa y encierra.
es sólo un pedazo de cemento,
el cual atrae a la gente como un imán, para luego dejarlos, y que se  olviden de haber estado en ese lugar.
En las calles de la ciudad ocurren muchas cosas,
pero las más importantes, penetran los corazones de los demás, como una estaca clavada en el mismo pecho.
En la calle hay sentimientos, pesadillas, delitos y amores que luego quedan atrás.
Las calles no se evitan transitar, sólo se procura estar alerta a lo que vendrá.






Espero que les haya gustado esta. no publicaré cosas muy seguido pero siempre habrá.