Ese día me desperté a las 6:00 A.M, como todos los días hábiles en los que asistía a ese infierno llamado escuela. Hoy era Miércoles, lo que significaba tener que aguantar a la profesora de matemática mientras me explicaba por enésima vez cómo sacar un maldito porcentaje.
Me llamo Deryck, supongo que soy un chico normal. Un simple chico que tiene 14 años.
El día estaba perfecto para salir, pero el último timbre en el colegio sonaba apenas a las 15:00 hs, lo que significaba que no tenía mucha tarde libre. Me vestí con unos jeans y una camiseta de color negro, lo que casi siempre acostumbraba usar. Acomodé mi cabello de modo que no pareciera, al menos, un nido dónde podría vivir una familia entera de pájaros. Tomé mi mochila y salí de mi casa, avisando a mi madre que volvería más tarde.
Bueno, hablando de mí otra vez, soy gay, homosexual, o como quieran llamarlo, pero se entiende el punto.
Cuando llegué a la escuela eran las ocho en punto de la mañana. ¡RING!, era el timbre de cambio. Tenía matemáticas, así que me encaminé hasta la sala dónde estaba esperándome la señorita Dodds, mi pesadilla con un título.
-¡McKinnon!- Me llamó y di un respingo -Llega tarde, otra vez!
-Lo siento, profe- Dije mirándola -. No volverá a suceder.
-Es la cuarta vez que lo dice, ahora siéntese y preste atención a la clase, hoy vamos a ver cómo hacer cálculos... -A los pocos segundos perdí el interés en el tema, por lo que no supe a qué cálculos se refería cuando tomé mi cuaderno y comencé a dibujar garabatos.
Al principio fue una flor, pero luego se convirtió en... Una especie de... Algo raro que no sabría nombrar, pero que seguía dibujando sin razón aparente. Levanté la vista y miré a mis compañeros. Los de adelante, a mis lados, eran los más interesados en la señorita Dodds, de espaldas en la pizarra. Los de la segunda fila, estaban escribiendo, o lanzando papelitos a las chicas populares, las cuales largaban suspiros de aburrimiento y escribían un "NO" en el papel, para luego devolverlos. Los que estaban atrás de todo, eran los más escandalosos. Algunos hacían aviones de papel, otros dibujaban, pero Thomas era el único que escuchaba música, sumido en un sueño profundo.
Luego de una hora de llenar la hoja de dibujos extraños volvió a sonar el ensordecedor timbre agudo de todos los días, y todos como ratas se levantaron apresuradamente, tomaron sus cosas y salieron corriendo. Yo, por mi parte, salí lo más tranquilo del aula, maldiciendo en mi mente a mi profesora. Cuando salí al pasillo, oí un pequeño grito de la señorita Dodds y volví al aula para ver qué sucedía. Lo que ví me dejó estupefacto: Tenía agua en la cabeza y vidrios por todos lados. Un jarrón había aparecido de la nada y caido en su cabeza. Antes había examinado todo el aula, y ni rastro de un jarrón o algo por el estilo... La ayudé con los vidrios y me fui sin más, pensando en qué era lo que había sucedido. Cuando llegué a la cafetería, y me senté en una mesa, se acercó a mí Thomas, el chico raro pero matón de la escuela.
-Ay, miren quién está ahí, el chico marica!!!- Rió con sus compañeros de maldad y volcó su jugo sobre la cabeza.
-¿Qué demonios te pasa, Thomas?- Exclamé furioso.
-Awww, vete con tu noviesito y llórale a él, marica!- Dijo y se fue caminando. Detestaba a Thomas, lo detestaba. Pareciera que ese chico no tenía nada mejor que hacer que meterse con la vida de los demás... ¡Pum! se escuchó un ruido cerca mío. Miré por entre las personas apelotonadas ahí y noté que el mismo chico que había venido a molestarme, estaba tumbado de culo en el suelo, habiendo patinado con una cáscara de banana, que alguien tiró por ahí. Todos rieron y yo me uní, pero en cuanto una carcajada salió de mi garganta, un chico derramó su bebida sobre el humillado. Fruncí el ceño y me volví a concentrar en mi comida. Las cosas pasaban de la nada, y al parecer hoy el unirverso estaba a mi favor. Miré lo que tenía que comer, puré de papas de quién sabe cuándo y deseé que fuera algo más apetitoso.Cuando tomé mi tenedor y cogí un poco, se convirtió en un trozo de carne en mi boca. Volví a bajar la mirada a mi plato y fue lo más raro que pudo pasarme en la vida: Allí había un filete. Esto era demasiado, no podían pasarme tantas cosas así en un día, algo estaba pasando. Miré hacia los lados, pensando en quién había puesto eso en mi plato, algo probablemente envenenado. Señalé a Julian, ese chico no me quería demasiado, siempre buscaba problemas conmigo. Estaba por gritarle que dejara de hacerme bromas, cuando un destello en su cuerpo apareció, haciendo que su ropa sea rosa, y que todos se rían. Bajé mi mano confundido y volví a señalarlo, su ropa al instante se tornó anaranjada.
-¿Qué?- Exclamé y miré al techo. Tal vez si... ¡Paf! Cuando lo señalé, éste se hizo rojo. -Wow- Fue lo único que dije. Era como si pudiera controlar las cosas...
Corrí al baño y me encerré en un gabinete. Cerré la mano y pensé en un lápiz, lo primero que se me ocurrió. La abrí de golpe y sí, efectivamente el lápiz apareció ahí. O sea que no era normal como yo creía, eso era... ¿Magia?
Había visto películas como Harry Potter o cosas así, en la que los chicos tenían magia o controlaban a sus amigos, pero... ¿Existía?
-Genial- Dije al instante. No me parecía raro en lo más mínimo, era como si hubiera sido así toda mi vida.
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